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Control de vacunas en tu residencia canina

Cómo evitar sustos y tenerlo todo bajo control

Control de vacunas en tu residencia canina
En este artículo

Para admitir a un perro en tu residencia deberías exigir, como mínimo, la vacuna polivalente (moquillo, parvovirus, adenovirus), la antirrábica (obligatoria en la mayoría de comunidades autónomas) y la de la tos de las perreras (Bordetella), esta última imprescindible en cualquier entorno con muchos perros juntos. Y hay un detalle que casi nadie controla: la Bordetella no da inmunidad completa hasta unas tres semanas después de ponerla, así que hay que exigirla con margen antes del ingreso, no el mismo día.

Un perro entra en tu residencia sin la vacuna de la tos de las perreras al día. Una semana después, tienes a tres perros tosiendo y a sus dueños llamándote preocupados. Esto pasa más de lo que debería.

Por qué el control de vacunas es innegociable

No es burocracia. Es proteger a los animales que tienes a tu cargo y a tu negocio.

Las consecuencias de un brote pueden ser:

  • Perros enfermos (y la responsabilidad que conlleva)
  • Clientes que no vuelven
  • Reseñas negativas que tardan años en enterrarse
  • En casos graves, problemas legales

Qué vacunas deberías exigir

Las guías de vacunación de la WSAVA (la referencia internacional que sigue AVEPA en España) distinguen entre vacunas esenciales o “core”, que debe llevar todo perro, y las no esenciales, que se ponen según el estilo de vida. Un perro que va a una residencia entra de lleno en ese “estilo de vida” de riesgo.

Como mínimo, para admitir a un perro en tu residencia:

Obligatorias:

  • Polivalente (moquillo, parvovirus, adenovirus): son las vacunas core. En el perro adulto, tras la pauta inicial, el refuerzo de estos antígenos suele ser cada tres años según la WSAVA, no anual.
  • Rabia: obligatoria en 15 comunidades autónomas más Ceuta y Melilla, con revacunación anual en 8 de ellas, según la información del Ministerio recogida por Animal’s Health. Como varía por territorio, comprueba lo que exige tu comunidad y la de origen del perro.
  • Tos de las perreras (Bordetella): no-core, pero específicamente recomendada para perros que van a residencias y guarderías. Revacunación anual y, muy importante, la inmunidad tarda unas tres semanas en ser plena, así que debe ponerse con antelación al ingreso (Hospital Veterinario Ferral).

Recomendadas:

  • Leishmaniosis: enfermedad endémica en la zona mediterránea española, transmitida por el flebotomo. La vacuna reduce el riesgo pero no evita la infección al 100%, por lo que se combina con repelentes (MiVet).
  • Leptospirosis: la WSAVA 2024 la eleva a esencial en zonas donde es endémica, que incluyen buena parte de España (AniCura). Especialmente si tienes zonas húmedas o contacto con fauna silvestre.

Un apunte que tranquiliza a los dueños aprensivos: España está libre de rabia terrestre en la península desde 1978, y los poquísimos casos de este siglo han sido importados o en Ceuta y Melilla, según el Boletín Epidemiológico del Instituto de Salud Carlos III. Exigir la antirrábica no es alarmismo: es cumplir la norma y mantener esa situación.

El problema de verificarlo a mano

La mayoría de residencias lo hacen así:

  1. El cliente llega con el perro
  2. Le pides la cartilla
  3. Miras las fechas mientras el perro tira de la correa
  4. Intentas recordar si la polivalente era anual o cada 3 años
  5. Confías en que está todo bien

El resultado: Se te cuela alguno. O aceptas a un perro “porque el dueño dice que la tiene puesta” y luego no puedes demostrarlo.

Cómo organizarlo bien

1. Pide la documentación antes de la llegada

No esperes a que el cliente aparezca en la puerta. Cuando haga la reserva:

  • Solicita foto de la cartilla por WhatsApp o email
  • Verifica las fechas con calma
  • Si algo no está en regla, hay tiempo para que lo solucione

2. Registra las fechas de caducidad

Cada perro debería tener una ficha con:

  • Fecha de última vacuna de cada tipo
  • Fecha de caducidad (cuándo toca la siguiente)
  • Observaciones (alergias, medicación, veterinario habitual)

3. Avisa antes de que caduquen

Si un cliente habitual tiene la vacuna de su perro a punto de caducar, avísale antes de su próxima reserva. Le ahorras el problema y demuestras profesionalidad.

4. Ten un protocolo claro

Decide qué haces cuando:

  • Un perro llega sin vacunas al día → ¿Lo rechazas? ¿Lo aíslas?
  • El cliente “se le olvidó” la cartilla → ¿Aceptas fotos por WhatsApp?
  • Una vacuna caduca durante la estancia → ¿Contactas al dueño?

Escríbelo y que todo el equipo lo sepa.

Más allá de las vacunas

Otros documentos que deberías tener controlados:

  • Chip y pasaporte: la vacuna antirrábica se registra en el pasaporte y va ligada al microchip del animal, que el veterinario verifica antes de vacunar (Colegio de Veterinarios de Sevilla). Anota siempre el número de chip en la ficha.
  • Seguro de responsabilidad civil: repasa qué seguro necesita tu residencia y qué le pides al cliente.
  • Contacto del veterinario del cliente
  • Autorizaciones para actuar en caso de emergencia, que deberían formar parte del contrato de ingreso

La diferencia entre improvisar y gestionar

Cuando tienes 5 perros, puedes llevarlo en la cabeza. Cuando tienes 20 o 30, necesitas un sistema.

Un software de gestión como CaniGest te permite:

  • Ver de un vistazo qué perros tienen vacunas próximas a caducar
  • Recibir avisos automáticos
  • Guardar fotos de las cartillas en la ficha del perro
  • No depender de papeles que se pierden

Un control de vacunas serio no es solo higiene sanitaria: es la base de un negocio profesional, el complemento del contrato de ingreso y un argumento más para justificar tus tarifas frente a quien “cuida perros” sin pedir papeles.

Fuentes


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